El regalo demasiado personal
Hay una categoría de regalos que no son caros, no plantean ningún problema normativo y aun así ponen a quien los recibe en una situación incómoda: los que cruzan la línea de lo profesional a lo personal.
Es una frontera difusa y por eso se cruza sin querer, casi siempre desde el afecto genuino.
Los que suelen incomodar
Perfume y cosmética. Es un regalo sobre el cuerpo de otra persona. Aunque se acierte con la marca —y acertar es improbable—, el mensaje implícito es que alguien se ha fijado en cómo huele.
Ropa y complementos. Doble problema: la talla y el gusto. Una prenda que no es de su talla no se puede usar y tampoco se puede devolver, así que se queda como un objeto inútil que además obliga a fingir agradecimiento.
Lencería, evidentemente, en cualquier variante y por muy en broma que sea.
Cosas relacionadas con su vida privada. Un regalo dirigido a su pareja, a sus hijos, a su casa. Presupone un conocimiento de su vida que la relación familia-docente no incluye, aunque el trato sea cordial.
Bebidas alcohólicas, con matiz. Una botella de vino como parte de un detalle colectivo es habitual y no plantea problema. Una botella cara regalada individualmente, o cualquier cosa que insinúe un chiste sobre lo que bebe, es otra cosa.
Los objetos con humor sobre la profesión. “Sobrevivir a tercero”, “necesito vacaciones”, el clásico regalo que bromea con lo dura que es su clase. Con la clase equivocada o el día equivocado, no tiene gracia.
Por qué incomodan
Porque la relación entre una familia y un docente es una relación profesional con mucha proximidad emocional, y eso confunde. Se ven casi a diario, hablan de lo más importante que tiene esa familia, y en infantil hay abrazos de por medio. Es fácil olvidar que sigue siendo el trabajo de esa persona.
Un regalo demasiado personal obliga a quien lo recibe a gestionar esa ambigüedad en público, delante de otras familias y a veces de otros compañeros. Y no puede rechazarlo sin quedar mal.
El criterio que funciona
Pregúntate si se lo regalarías a un compañero de trabajo
Por qué
Que el regalo mire a su trabajo, no a su persona
Por qué
Si es de una sola familia, baja el listón
Por qué
Cuidado con la broma privada
Por qué
Un caso que aparece cada año
El niño que quiere regalarle algo suyo a la profesora: un juguete, una pulsera que ha hecho, algo de su habitación. No entra en ninguna de las categorías anteriores y es probablemente el mejor regalo del curso.
Lo que hay que evitar aquí es la reacción del adulto —“eso no, vamos a comprar algo mejor”—. Lo que ha elegido el niño tiene un valor que ningún objeto comprado va a tener, y la persona que lo recibe lo sabe perfectamente.
Y la nota de la familia
Si lo que se quiere es transmitir algo personal —que es lo que muchas veces está detrás del regalo desafortunado—, el canal correcto no es un objeto: es escribirlo. Una nota diciendo lo que ha significado ese curso para vuestro hijo transmite todo lo que un perfume no puede transmitir, y no obliga a nadie a gestionar nada. Hay una sección entera sobre esto en alternativas sin coste.